
En nuestro afán por integrarnos, aunque no iremos a comer al campo -tampoco hay que pasarse-, hemos comprado los productos típicos del día en el mercado central de Atenas. El caso es que luego los vecinos nos han invitado a comer y hemos hecho una pequeña aportación gastronómica -autenticas banderillas toreras y cava- y conversación multilingüe y tal. Muy agradable todo.

También es típico volar cometas, de manera que hemos ido en moto al sitio más adecuado, que es el Licavito. Las fotos son de película (literalmente, o sea que no están reveladas aún) y las pondré más adelante.
En el mercado he hecho las fotos con el teléfono, que da una calidad aceptable para un esbozo. Además es muy discreto, porque como los griegos van siempre con el teléfono en la mano -y las llaves del coche- parece del todo normal. Ahora, con llaves de Mercedes disponibles, quizás dé el último paso y -como me recomienda el Doctor Bernal- cuando me siente en una terraza ponga móvil y llaves junto al café para marcar posición social: el equivalente helino-masculino del levantar la patita de los canes. Y es que el café está en todos lados, por ejemplo: en los puestos de marisco.

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