lunes, 19 de mayo de 2008

Cartas Siriacas: (y III: Soluciones habitacionales, lencería y despedida hasta pronto)

Al día siguiente empezamos la visita a los testimonios del pasado cristiano de la zona. Ojo, que la zona tiene un presente cristiano tan activo como, según yo lo vi, frágil. Los monumentos cristianos se pueden agrupar bajo el epígrafe de “ciudades muertas” y hace referencia a la situación posterior a los terribles terremotos del 526 y 528 que marcaron el antes y el después de la zona. La gente abandonó las ciudades, que debieron de ser una trampa mortal para la población.

Serzilla (o Serjilla, estoy transcribiendo el árabe desde el griego, Alejandra corrígeme si yerro en exceso) es una de las más de cien “ciudades muertas” y un ejemplo perfecto. Impresiona ver las ruinas de una ciudad tan grande en un campo tan solitario. Sólo una familia de beduinos utiliza el pozo y las ruinas como establos.
Después visitamos los resto de la Iglesia y monaterio de San Simeón el Estilita.

San Simeón el Estilita hubiera sido el héroe de la antigua ministra de vivienda, al fin y al cabo, ¿Quién necesita 35m2 si se puede vivir en una columna? ¡Mucho vicio de quejarse es lo que tiene esta juventud! En fin, que los estilitas, dendritas y otros eremitas fueron los líderes mediáticos del siglo V, en el que, llevados por una fe mesiánica, predijeron que los pecados de la vida urbana conllevarían el fin del mundo, y exhortaron a la gente a abandonar el pecado y perdición de las ciudades y retirarse al campo (todo esto me suena a ecologismo apocalíptico y subidas del nivel del mar, perdón, me confundí de siglo y me metí en incorrección política). Tras su muerte, en 459, los terremotos del siglo VI confirmaron las predicciones y el Estilita asentó la fama que había ganado en vida. Fama ganada por el procedimiento de vivir en una columna y desde allí (mientras la buena gente le daba de comer, eso sí) llamar pecadores a todos los demás. En la foto lo que queda de la columna.

(La historia de ayer y de hoy confirma que lo bueno de hacer predicciones apocalípticas es que si no se cumplen nadie te lo afea y si, por casualidad, se cumplen, no importa porque será el fin del mundo. Y mientras tanto a vivir de los que tienen miedo, que para eso están los débiles)

Tras este interludio ideológico -lo siento, pero las media-memeces hacen mucho daño al verdadero respeto por el planeta y la humanidad, y no consigo resignarme- sigo con Siria.

De vuelta a Alepo vimos el zoco en el que no compramos nada, luego nos arrepentimos. Visitamos, también, la mezquita Omeya donde disfrutamos de la espontaneidad de los niños, además de la belleza del lugar.
De allí marchamos al sur , hacia Damasco y parando en la ciudad romana de Apamea, donde Marco Antonio y Cleopatra vivieron las mejores páginas de su historia de amor maldito.

La columnata es aún mayor que la de Palmira, aunque el conjunto no es tan espectacular. Como siempre los romanos construían para durar y el sitio es impresionante, cerca de las grandes montañas que marcan la división entre Siria y Líbano.
Hama es famosa por sus norias. Hasán nos dijo que las norias eran un invento bizantino extendido por los árabes en sus viajes. Bien, da gusto ver la honradez intelectual, las escasas veces que aparece.De noche llegamos a Damasco para nuestros últimos días en Siria.
Visitamos la parte de la muralla convertida en Iglesia, porque por ella se descolgó en un canasto San Pablo para huir de los demás judíos de Damasco que le querían mal por hacerse hereje.
(Después de ofender a la progresía con mi ecoescepticismo, yo lo llamo racionalidad tranquila, pero no cuela; corro peligro ahora de ofender a los cristianos con mi visión de San Pablo como personaje dañino para la humanidad. Sobre esto también callaré, pero al final me darán desde los dos lados, ya lo veréis. Es mi sino.)
La réplica del canasto me pareció lo bastante kitsch para merecer foto. Luego, la iglesia de la casa de San Ananías. Como es habitual el suelo de la ciudad ha subido en estos siglos y la iglesia es ahora un sótano. Después paseamos por las calles del viejo Damasco y entramos en un taller de sedas y diversos locales y casas tradicionales bellísimas.
La visita como tal terminaba con la mezquita de los Omeyas, porque después había tiempo libre para hacer compras en el inmenso bazar.
La mezquita es un bellísimo lugar que contiene reliquias señaladas del mundo musulmán. Allí está la tumba de Saladino y el cenotafio de San Juan Bautista.
Todavía la zona conserva restos de sus etapas anteriores como Templo de Hadad-Júpiter y como iglesia cristiana.

La mezquita es un lugar no sólo de oración sino de vida común, algo perdido hace tiempo en los lugares santos cristianos. Nos vestimos y descalzamos según es precepto y disfrutamos del lugar y la gente.
Después comimos los dos solos, los griegos se lanzaron a hacer compras de inmediato, en una de las callejas laterales en “Al Ezz” un sitio que nos recomendó Hasán, afortunadamente ya sabíamos los nombres de los platos porque la carta era el servilletero que se ve en la foto.El bazar es enorme y ruidoso, como debe ser. Además de todo lo que uno espera encontrar, nos llamó poderosamente la atención que las tiendas de lencería estuvieran atendidas mayoritariamente por hombres… y el tipo de productos que se exhibían, no os perdáis el conjunto rojo de "pelufitas". La verdad es que yo ya había leído y oído de primera mano del gusto árabe e iraní por la lencería subidita de tono, pero la realidad me sorprendió. En Túnez al menos, no estaba tan a la vista.

En fin que tras no comprar más que unos pañuelos para nuestras madre-suegras –a mí sólo me gustaron los instrumentos musicales, que no viajan bien y son demasiado caros y voluminosos para coleccionarlos- nos recogió el autobús y tras los debidos trámites aduaneros y aeroportuarios volvimos a casa, a esta Atenas de nuestras entretelas que tanto tiene en común con oriente medio.

Por no acabar los posts siriacos con lo de la lencería, que me parecería una frivolidad y una injusticia, quiero acabar diciendo que Siria es un país interesantísimo y lleno de contrastes. Hay muchas maneras y muchos motivos para viajar y en Siria los míos se han visto cumplidos: buenas ruinas, buenas ciudades, buena comida, buena gente. Ya antes de ir me había intrigado la convivencia de religiones en Siria, un tema en el que me impulsó a profundizar el magnífico libro de William Dalrymple “Desde el Monte Santo”. El tema me interesa aún más ahora que he visto algunos de los sitios del libro y supongo que visitaré algunos más en los próximos años, de modo que esto ha de acabar con un:


"Hasta pronto, Siria"

lunes, 12 de mayo de 2008

Ἐν Δελφοῖς (En Delfos)

Ya se ha cumplido uno de mis mayores deseos para este año de residencia en Grecia: ir a Delfos.
Pasar tantas cosas de aprendidas a vividas, del conocimiento a la experiencia. Cien libros, cien reportajes y mil fotos después, he estado ahí, en la foto: no delante, ni detrás de ella. Por fin he conocido en persona a ese viejo amigo de los libros, siempre joven: el Auriga.Hay sitios que tienen una trascendencia en sí. Cuando uno ve el paisaje de Delfos sabe que alguna vez fue sagrado. El mar de olivos de los textos sigue ahí, mucho más vivo que los que lo vieron hace ya dos mil quinientos años.No voy a contar nada aquí de las ruinas, ni del Museo.
Todos los que leáis esto y améis el mundo clásico o simplemente la cultura, deberíais pasar por Delfos en primavera.

Siempre será sagrado.

jueves, 8 de mayo de 2008

Cartas siriacas (y II: cómprele un regalo a su suegra)

Terminada de visitar Palmira con bastante más detalle del que yo me esperaba - es lo que tiene llevar un buen guía- tomamos camino hacia el este entre camellos.
Quedaría muy “superguay” decir que íbamos hacia Irak. Da imagen políticamente correcta y tal, pero, como sabéis los que me conocéis, la única imagen que me interesa es la que recojo con la cámara. De modo que hay que decir que probablemente el motivo de ir hacia allá es algo más prosaico, que no peor:
Deir Ezzor es una de las ciudades situadas más al este de Siria. La población, según nos comenta nuestro guía -y se aprecia a simple vista-, tiene conexiones familiares y económicas con la gente de Irak. Aquí el número de mujeres y hombres con atavío no-occidental es muy elevado y la cara con la que se recibe al turista es distinta, diría que de cierta hostilidad o hastío. Claro, que esto es probablemente un puro posjuicio mío, porque de hecho el único contacto que hubo con la población local lo tuvieron –por separado- en segundo lugar la profesora Papandreu y, minutos antes, mi Querida Esposa. A ambas se les acercó el mismo grupo de muchachas vestidas de manera no-occidental y después de intentar hacer fotos de Maricarmen con disimulo y darse cuenta ella, fueron interpeladas por nuestro guía Hasán –que el hombre estaba en todo, la verdad- al que dijeron que les gustaría hablar con ella. Yo andaba haciendo fotos por el puente a cierta distancia. En un inglés pasable pidieron permiso y Maricarmen les preguntó para qué querían las fotos, la respuesta fue tan breve y obvia como trascendente: “para recordarte”.Yo vi la escena y, raudo con la cámara como suelo, hice la foto. Ellas no dejaron que Maricarmen les hiciera una. De modo que la foto es una pequeña traición bienintencionada por la que pido perdón: nosotros también queremos recordarlas.
El motivo de que el viaje incluya Deir Ezzor es el de ver la Siria de de lo que ellos llaman Al-Jazzira (la isla) y nosotros “Mesopotamia”. El Éufrates a esas alturas es ya un pedazo de río - lo de arriba es sólo un brazo- pese a la creación en Turquía de un gran número de pantanos que casi lo secaron durante años. Con los pantanos propios llenos, los turcos ahora ya sueltan más agua y la cosa ha mejorado. La fertilidad de estas tierras situadas en medio del desierto es asombrosa, una especie de huerta murciana elevada a varias potencias…
Tras hacer noche en el menos bueno de los hoteles del viaje -segundo motivo del desvío de la ruta ideal- seguimos camino Éufrates arriba hasta Halabiya, un bastión bizantino para el control del río reconstruido posteriormente en varias ocasiones. La siguiente parada fue Rasafah una de las “ciudades muertas” del periodo bizantino reconstruida en el periodo Omeya y posteriormente abandonada de nuevo. Escribiré más adelante sobre las “ciudades muertas”. En esta se encontraba la tumba de San Sergio y fue al restaurarla en época omeya cuando se produjo un hecho curioso: Las inscripciones en griego de los capiteles fueron reproducidas “sinistrorsum” –esto es un guiño para los colegas de clásicas- o sea, escritas de derecha a izquierda a la manera semita.
Entre Deir Ezzor y Alepo se extienden los campos petrolíferos de Siria. Nada comparable a los de otros países árabes, pero si una jugosa fuente de ingresos que, por cierto, parecen mejor empleados que en otras partes.
También paramos en un pueblecito de beduinos-hace tiempo que dejaron de ser nómadas- para ver un ejemplo de arquitectura tradicional. Fueron encantadores, amables y hospitalarios, algo de lo que tienen merecida fama. Una de las excursionistas pidió permiso a una muchacha para hacerle una foto. Yo no me hubiera atrevido y supongo que me lo habría negado. Una vez más no pude resistirme a captar lo que veía y disparé por instinto. Nuestra estupenda compañera de excursión Pepi (Penelope...en serio, maja de verdad. Ella y su marido Giorgos eran nuestros compañeros de mesa habituales, ella es profe de bachillerato...) posaba por doquier, y allí también. En esta foto quise captar las sonrisas de los niños. Los niños sirios me han parecido mucho más alegres que los españoles o griegos. Un buen tema de reflexión.
Alepo es una ciudad de cuatro millones de habitantes –Damasco tiene más de seis- y está presidida por un Álcazar de proporciones colosales. Para dar envidia al personal -sé que lo pagaré algún día- diré que nos alojábamos en el Hotel Sheraton y que este sí tenía cinco estrellas como gigantes rojas de gordas. Mierda de capitalismo, qué mal lo voy a pasar cuando volvamos a la vida de la tiza…
Precioso el centro histórico de Alepo con su barrio armenio y sus diversas mezquitas y callejas. El zoco nos reveló la historia que da título al post. En el barrio armenio hay un buen número de personas que hablan griego. Con nuestro encargado de grupo traduciendo la explicación de Hasán del inglés al griego para "Pinypon y Chus Lampreave” –dos excursionistas sobre las que huelga más comentario que su mote-, todos los que hablaban griego en Alepo nos oían llegar con antelación. Así nos encontramos con este profesional de la venta –que no merece menos epíteto- que nos saludó de “aquesta guisa”. La daga de la mano derecha completa el letrero que lleva en la izquierda y que reza en correcto griego: “cómprele un regalo a su suegra”…

viernes, 2 de mayo de 2008

Cartas Siriacas (y I: “Yunan no good”)

Desayunando a las cuatro de la mañana en el avión rumbo a Siria, empiezo con un capítulo aparte -exótico- en mi blog.
Como reflexión inicial decir que nos estamos perdiendo la Semana Santa ortodoxa. Me dicen que tras la observancia más o menos estricta del ayuno, todos los griegos participan de La Costumbre: el Domingo de Resurrección se ponen hasta las patas. En la tele han hablado de hasta 7000 calorías. Venden por doquier asadores-barbacoa tamaño “cordero entero” y eso hacen: asar espetones de metro y medio con cordero y lo que en Aragón se llaman madejas.
A Siria hemos llegado al alba. Tras un paso de aduana en el que coincidíamos con un vuelo procedente de Teherán -a las cinco de la mañana, ¿He dicho multiétnico?- nos llevaron a un hotel a desayunar por segunda vez. Ahí cometimos un error, porque NO nos pusimos púas. ¿Por qué un error? Porque los griegos a mediodía no comen y en el programa no estaba contemplado el hueco. Aclarado con el guía el asunto, cualquiera que haya visto mi constitución -well built, dijo nuestro amigo Ernest en su día- sabe que en lo de la comida no admito vaciles, se hizo parada en los días siguientes, lo que nos ha valido la gratitud de guía y conductor.

Después de desayunar, fuimos a ver tres monasterios cristianos situados en dos pueblos de las afueras de Damasco –Maaloula y Seidnaya- y por la tarde el Museo Nacional. Reventados... Llegamos al hotel.
Cenamos en un restaurante giratorio con vistas a Damasco una gran ciudad moderna -fea- con un precioso centro histórico situada en un oasis espectacular. La población sube a tomar el fresco a la montaña que domina la ciudad y por cuya escarpada ladera trepan las viviendas de los menos afortunados.
La mañana la dedicamos al Castillo de los Caballeros (o sea, los Cruzados). Una historia olvidada –o no aprendida- en Europa y muy viva en el mundo árabe. Impresionante conjunto y emplazamiento.

Nos guía Radwan Hasan, a la sazón profesor de la escuela oficial de turismo de Siria. Pedazo de GUÍA, sí señor. Francés, alemán e inglés fluidos y grandes conocimientos de historia y arqueología.


La zona, cercana al Mediterráneo, es de una gran belleza natural, que aquí, siguiendo la inveterada costumbre de los turistas, mejoramos con nuestra presencia. Estoy, obviamente, de broma. A veces se ven escenas patéticas de novia-frente-a-piedras, que me dan ganas de... Después de comer en un restaurante local –la comida como casi siempre en Siria, exquisita- Marchamos hacia el desierto. Palmira: la ciudad helenística de la Reina Zenobia. Dos buenos motivos para visitarla: las ruinas y el paisaje. Las ruinas son de las que dejan sin aliento a los que nos va la cosa. Todo ello en un oasis en medio del desierto al que llegamos en medio de una pequeña tormenta de arena… y lluvia. Mi mujer lo hizo otra vez: “Gallega poderosa mujer-lluvia” como dijo Toro Sentado.
No voy a describir las ruinas, porque para eso tenéis mil fuentes. Había gente vendiendo recuerdos –muy correctos y amables, no como en otros países- y muchos chiquillos buscándose la vida en día festivo. Uno de ellos se nos pegó y, tras preguntarnos de donde éramos, empezó a desplegar sus armas. Primero el halago: “yunan good” (yunan es Grecia en árabe y turco, se ve que viene de “Ionia” o sea Jonia…). Al ver que no le dábamos más allá de unos caramelos y un boli (los niños menos picardeados los agradecen de corazón, si vais es buena idea llevar algunos para regalar) cambió a “modo berrinche” y nos repitió, no menos de trescientas veces, “Yunan no good”.
(en la esquina de la foto "yunan no good")
Nuestro guía que, al cabo, es un hombre de orden y preocupado por la imagen del país, le soltó una mirada de profesor veterano, de aquellas que yo recuerdo de algunos curas escolapios, tras lo cual el mocoso cantó la palinodia y pasó a decir “Yunan very good”, o incluso “Yunan very, very, very, very, very,good” para regocijo del personal. Al final se cansó de seguir a esa gente rara y tacaña, que mira las piedras rotas como si valieran para algo más que para atraer pardillos. (continuará)

domingo, 20 de abril de 2008

Aquiles y la tortuga




No es que sea tan raro, pero en nuestro último viaje de fin de semana hemos visto contrastes curiosos. Hemos visitado, con motivo del trabajo de Maricarmen, Larisa, ciudad con fama (en Grecia) de provinciana y fea. Al menos en mi opinión es una fama injusta, porque la ciudad parece mucho más viva y próspera que otras y tiene un centro peatonal, recoleto y comercial, muy agradable. Tiene además un teatro antiguo y, al fondo del paisaje, el macizo del Monte Olimpo.En fin, que ya se sabe que la envidia y la malicia no tienen la vista muy fina que digamos... Como particularidad decir que está en la llanura de Tesalia, es decir LA LLANURA de Grecia. De hecho, la gente se desplaza por la ciudad en bici -no, no penséis en Holanda, el tráfico no tiene nada que ver, sólo las bicis se parecen-.
Maricarmen visitó el 5º Gimnasio ( o sea instituto de secundaria obligatoria) y se entrevistó con las fuerzas vivas de la lengua española en la localidad. Encantadores y acogedores, así da gusto visitar sitios. Cenamos la noche de nuestra llegada en velada íntima, en el restaurante Κύαθος, nuestra cena más romántica en mucho tiempo- soy un sentimental...- y al día siguiente tuvieron lugar las visitas de trabajo y la comida con los profesores españoles y griegos antes señalados. Luego, por la tarde, excursión a Ampelokia. Paraje de fama -merecida- por su belleza y puerta de la Garganta del Tempe. Aquí se volvió Dafne laurel, en este bosque a poca distancia del Monte Pelión, donde el centauro Quirón instruyera a Aquiles, el de los pies ligeros. Al día siguiente vuelta a Atenas con parada en Las Termópilas para rendir homenaje a Leónidas y los trescientos y, al menos yo, a los setecientos tespiotas, de los que casi nadie se acuerda y que murieron allí, a la vez y por lo mismo.Repasando lo visto cabe señalar que la subida a Ampelokia es sinuosa, no, es ... bueno vedlo vosotros mismos en estas dos imágenes...
El gps no exagera y la cámara, si acaso, se queda corta.
El sitio es bellísimo, con un pasado de esplendor económico por la factura de tintes para tejidos. Hoy en día el senderismo atrae a muchos visitantes y hay un buen número de hoteles con encanto.
A la subida nos topamos con la tortuga que da título al post. Estuvo a punto de ser atropellada por dos todoterrenos locales, lo que la hizo recular momentáneamente, pero al final llegó a la cuneta.
Lo de las Termópilas es curioso, porque la zona ha cambiado tanto desde el siglo V a.C. que la batalla no se entiende. Fijaos en la foto del monumento a los tespiotas de antes. No sólo pasa por la zona entre las fuentes y el mar la autopista -todavía en obras y, de facto, carretera de una sola dirección- sino que la sedimentación del río hace que, literalmente, haya kilómetros de extensión perfectamente plana por donde pasar. Pese a todo, si uno mira hacia la montaña, como en la siguiente foto, comprende la grandeza de la gesta.Sobre lo de que la carretera que une las dos ciudades mayores de Grecia -Atenas y Tesalónica- lleve años de retraso en su transformación en autopista de peaje, ved el siguiente vídeo antipromocional (conducía Maricarmen).


Supongo que la tortuga pensará de todos los que vamos tan deprisa: ¡Están locos estos griegos (y visitantes)!

martes, 15 de abril de 2008

La mandolina del Capitán Schnitzel

Empiezo a escribir esto desde la habitación de nuestro hotel, en donde también se alojaron "Nuestra Pe" y Nicholas -cara muro- Cage (hay que ver lo que hace el botox...). El caso es que estamos en Κεφαλλονιά (Kefaloniá o Cefalonia -hay variedad de transcripciones para el nombre de la isla-) La historia del sitio es increíble. Os sugiero que leáis la entrada de la Wikipedia (http://es.wikipedia.org/wiki/Cefalonia, mucho mejor en inglés, con más detalles sobre la época moderna y la segunda guerra mundial y la terrible historia de los italianos fusilados por los alemanes en los últimos días de la guerra http://en.wikipedia.org/wiki/Kefalonia. La "wiki"no es la fuente más fiable del universo pero este artículo es conciso y adecuado). Como adelanta el titular y encabezamiento, aquí se rodó y se sitúa la trama de “La mandolina del Capitán Corelli”.
La primavera en las islas griegas es apabullante, un estallido de vida y color. Hace calor y el viento sur nos trae arena desde Libia, un velo pardo cubre el cielo. Los turistas empiezan -empezamos- a aparecer tímidamente y las calles y comercios cobran ritmo de cara al verano.
Se intuye, pese a todo, que fuera de temporada Kefaloniá es apenas un paraje rural no muy distinto de mi querida Torrevelilla (Teruel). La isla está bajo la protección de San Gerásimo, santo patrón de los Locos, (o Ciudadanos Usuarios de los Servicios de Asistencia Social, Área de Salud Mental; en los tiempos que corren hay que esmerarse para no ser un retrógrado… ). De esto del patrón, los de Kefaloniá –después de un rato buscando el gentilicio he optado por la perífrasis- presumen mucho. También dicen que cuando Dios acabó de construir el mundo las piedras que le sobraron las dejó en la isla amontonadas. No me extraña, la verdad.
La visita –continúo el relato tras la vuelta a Atenas- ha sido muy grata. Alquilamos un coche y recorrimos la isla de cabo a rabo. No tiene mucho mérito, en línea recta son apenas 50 kilómetros. Lo que pasa es que NO HAY NI UN SOLO KILÓMETRO RECTO EN TODA LA ISLA. Sacacorchos, muelle de boli y cosas así se me vienen a la mente. Además soplaba un viento demoníaco, que parecía que se iba a llevar el cochecito volando. Pese a todo, como digo, un viaje estupendo. La ida y vuelta a Atenas fue en avión de hélice de Olympic, algo cochambroso pero sin mucho susto. Como podéis suponer buscamos buenos restaurantes locales y la verdad es que el primer día hicimos nuestra mejor comida desde que estamos en Grecia, y eso es mucho decir, los que habéis venido a vernos lo sabéis. Los demás días nos topamos con que todo lo muy turístico estaba cerrado en preparación para la temporada de vacaciones y hubo que acoplarse a la realidad cotidiana de la isla. Eso sí, el hotel era estupendo y a estas alturas del año hasta razonable de precio. Os pongo una foto de Fiscardo, en el extremo norte de la isla y que fue casi el único pueblo no arrasado por el terremoto de 1953.¡Ah! Lo del schnitzel es porque últimamente me he dado cuenta de que ya no comemos “filetes empanados” sino “schnitzel”. La cosa empezó este verano en Alemania- lógico-, pero aquí también los llaman así, y el otro día se me escapó hablando en español. Me temo que nos estamos volviendo unos señoritingos y que la vuelta a la tiza nuestra de cada día va a ser de aúpa. Hemos cambiado de asistenta – no le venía bien a ella nuestro horario- y la nueva es filipina. Ahora entiendo porque el cuerpo diplomático atesora a sus asistentas filipinas. Trabaja de una manera increíble, me flipa ver como una señora de 1,50 deja todo reluciente en un periquete y ¡Cómo plancha! Coloca todo de una manera tan pulcra y ordenada que me hace sentirme culpable de ser un desastre…

De exposiciones, alcaldes y memorias

Hemos ido hoy- 8 de abril al Pireo, invitados gentilmente por la Embajada de Cuba a la inauguración de la exposición “Cuba y el Mar”. Han tomado la palabra el comisario de la exposición, el embajador de Cuba -¡¡En inglés!!- y el Alcalde de El Pireo, Panagiotis Fassoulas, de quien ya os comenté que es aquel "pivot" marrullero y fibroso que desquiciaba a Romay y compañía. Por allí estaba también el Obispo de la localidad –¡Faltaría más!-. Sé que esto me puede costar algún disgusto, pero la estampa del Sr. Alcalde con sus 2,13 de estatura al lado del obispo en ropa de trabajo tenía un aire raro, que por prudencia no voy a describir por escrito.También me va a costar un disgusto, pero en esto no me voy a cortar. Para mí lo mejor de la exposición era algo que no existe: pintura cubana del siglo XIX. Los cuadros estaban allí y eran marinas y paisajes de los puertos de Cuba, especialmente de La Habana. Todo correcto, incluso brillante, sólo que es pintura española del siglo XIX con tema cubano. Lo siento, pero si no lo digo reviento. Toda una vida hablando de la “Generación del 98” es demasiado “condicionamiento pavloviano”. ¡Pero si hasta las banderas que se veían en los cuadros era rojigualdas…!
No quiero polemizar, pero alguna referencia a España en la documentación o inauguración de la exposición me hubiera parecido un rasgo de honestidad y “memoria histórica”.